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En su informe Mecanismos de reserva de gas y opciones de flexibilidad, publicado el 9 de septiembre, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) expone herramientas para responder a interrupciones del suministro de gas natural. La agencia sostiene que dos grandes crisis en los últimos cinco años pusieron en cuestión los supuestos sobre la resiliencia de los mercados mundiales de gas. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la fuerte caída del gas transportado por tubería hacia Europa contribuyó a precios récord y a una reconfiguración del comercio mundial de gas natural licuado (GNL). Las interrupciones de los flujos de GNL por el estrecho de Ormuz durante el conflicto de Oriente Medio de 2026 volvieron a mostrar la vulnerabilidad de las economías dependientes de las importaciones.
El informe considera que el almacenamiento físico es una base de la seguridad del suministro. Las opciones incluyen depósitos subterráneos de gas, tanques de GNL y almacenamiento flotante. Sin embargo, la AIE dice que el almacenamiento por sí solo no puede responder a todas las interrupciones y que la infraestructura disponible varía mucho entre países y regiones. Las nuevas instalaciones pueden ser costosas y tardar años en desarrollarse. El volumen almacenado es solo una parte de la cuestión: también importan su conexión a la red, el tiempo para liberarlo y quién puede acceder durante una crisis.
La flexibilidad comercial constituye una segunda herramienta complementaria del almacenamiento físico. Los contratos de GNL más flexibles y los intercambios de cargamentos podrían ayudar a dirigir los suministros disponibles a los mercados donde aumenta la demanda. Esos acuerdos pueden redistribuir la oferta y moderar la volatilidad de precios sin construir grandes infraestructuras nuevas. Aun así, competir por cargamentos limitados durante una tensión aguda puede aumentar las fluctuaciones y no siempre evita la escasez física. La AIE destaca la utilidad de la flexibilidad sin presentarla como un seguro garantizado frente a todos los riesgos.
El informe también examina mecanismos de reserva basados en políticas públicas que los gobiernos podrían valorar según sus circunstancias. Entre ellos figuran obligaciones de almacenamiento, reservas estratégicas de gas y esquemas de amortiguación de GNL. Las opciones para estudiar incluyen reservas estratégicas conjuntas con infraestructura existente, almacenamiento transfronterizo, reservas regionales de GNL y opciones de compra de GNL agrupadas para activarse en emergencias. No todas son reservas existentes u operativas; la AIE las presenta como posibles diseños. La infraestructura y las reglas de mercado de cada país determinarán cuáles pueden funcionar.
La AIE subraya que no existe un modelo único adecuado para todos los países. La geografía, las infraestructuras de gasoductos y GNL, la dependencia de las importaciones, el diseño del mercado y la capacidad de almacenamiento disponible influyen en la elección. En algunos casos, el coste y el tiempo de construir nuevos depósitos subterráneos pueden hacer más atractivos el uso compartido de activos existentes o unos contratos más flexibles; otros sistemas necesitarán una combinación distinta. El informe no clasifica a los países según un único estándar de reservas. Pide analizar las condiciones nacionales y los escenarios de interrupción antes de elegir un enfoque.
La agencia recomienda profundizar el diálogo gubernamental sobre seguridad del gas, aumentar la transparencia sobre reservas y condiciones de mercado, realizar ejercicios de emergencia con regularidad y mejorar la flexibilidad del mercado de GNL. También propone estudiar acuerdos internacionales voluntarios de reserva y aprovechar la experiencia del antiguo marco de seguridad petrolera de la AIE. Son recomendaciones de política pública; no significan que todos los gobiernos hayan creado una reserva o aceptado un acuerdo compartido. La aplicación exige reglas claras sobre costes, responsabilidades, acceso y asignación durante una emergencia.
Las crisis de 2022 y 2026 son ejemplos de distintos canales que pueden afectar al suministro, no pronósticos de los futuros precios del gas. La AIE sostiene que las medidas de reserva y flexibilidad tienen costes antes de una crisis, como un seguro, pero que el coste económico de no prepararse puede ser mucho mayor. El análisis no presenta una cifra de ahorro única para todos los países. Los responsables deben comparar almacenamiento, flexibilidad contractual y opciones compartidas calculando los costes con sus infraestructuras, exposición y datos de mercado reales.
La aportación práctica del informe es no reducir la seguridad del gas a construir tanques o depósitos subterráneos nuevos. Los inventarios físicos, la flexibilidad comercial, las herramientas de política y la cooperación internacional se presentan como capas que responden a riesgos distintos. Para determinar qué combinación conviene se necesita información específica sobre capacidad disponible, proveedores y rutas de GNL, patrones de demanda y planes de emergencia. El comunicado de la AIE no anuncia un nuevo volumen nacional de reservas ni un objetivo vinculante; presenta opciones y principios para prepararse.
