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El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China y otros seis organismos publicaron el 28 de septiembre un plan para la industria de baterías de nuevo tipo durante 2026–2030. El ministerio indica que abarca baterías de litio, sodio y flujo, y busca avances en escala industrial, tecnología, calidad de producto y cadenas de suministro. El documento establece 19 tareas en cinco prioridades y cinco programas específicos. Entre los organismos firmantes también figuran autoridades de desarrollo, transporte, comercio, regulación de mercados, energía y ferrocarriles. El plan es un marco de política pública; su publicación no significa que los objetivos ya se hayan alcanzado.

Entre las metas para 2030 están lograr avances importantes en investigación y desarrollo de nuevos sistemas de baterías, alcanzar una primera aplicación a escala de las baterías de estado sólido y llegar a 15.000 ciclos de vida en las baterías de litio de larga duración. El ministerio también fija para las empresas líderes un objetivo de defectos de producto en el nivel de partes por mil millones. Son metas para el periodo de cinco años, no resultados de producción observados. La expresión «primera aplicación a escala» no significa que estas baterías vayan a generalizarse en todos los vehículos o en el mercado. El ministerio menciona posibles usos en sistemas de energía limpia, vehículos, barcos, aviación, robótica, maquinaria de construcción y equipos agrícolas, sin cuantificar la demanda ni las cuotas de mercado.

Los objetivos destacan tanto los materiales y procesos de fabricación como la química de las celdas. El ministerio señala los materiales avanzados para electrodos, nuevos electrolitos y materiales auxiliares de alta calidad como áreas donde se esperan avances; el plan no los presenta como logros ya completados. La vida útil y la tasa de defectos sitúan la durabilidad y la calidad en el centro de la dirección anunciada. Los resultados también dependerán de cómo se mida el rendimiento en condiciones operativas, además de los costes y la seguridad. Por ello, la capacidad de producción por sí sola no demostrará el éxito comercial de una tecnología nueva. El avance dependerá de convertir la investigación en productos fiables, ampliar las cadenas de suministro y lograr un rendimiento competitivo en los usos previstos.