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El Monitor Económico de Túnez publicado por el Banco Mundial el 22 de septiembre sitúa la escasez de agua en el centro de las perspectivas de crecimiento y empleo del país. El Banco informa de que la economía tunecina creció un 2,7 % en 2025 y un 2,4 % interanual en el primer semestre de 2026. La recuperación de la agricultura, las industrias mecánica y eléctrica, y el turismo apoyó esos periodos. El organismo prevé que el crecimiento se modere al 2,3 % en 2026 y promedie un 2,1 % en 2027–2028.

El capítulo especial del informe describe un límite estructural de uno de los recursos esenciales de la economía. Túnez dispone de unos 380 metros cúbicos de agua dulce renovable por persona al año, un nivel que el Banco Mundial considera muy inferior al umbral de escasez absoluta. El promedio nacional no afirma que cada persona consuma esa cantidad ni que cada hogar reciba lo mismo por el grifo. Describe la relación agregada entre población y recursos renovables.

El Banco espera que el cambio climático y el aumento de la demanda intensifiquen la presión sobre recursos ya limitados. Esa presión puede afectar tanto a las decisiones de producción agrícola como a los servicios urbanos. El informe trata la seguridad hídrica como un factor económico relacionado con la producción, la productividad, la inversión y el empleo, además de un asunto ambiental. El comunicado no ofrece cifras actuales de suministro, extracción o uso agrícola del agua por región o grupo de usuarios.

El cálculo más llamativo es que la escasez de agua podría reducir el PIB tunecino un 6,4 % de aquí a 2050 si no se actúa. No es una pérdida ya registrada ni una previsión infalible del crecimiento, sino un efecto modelizado a largo plazo condicionado por supuestos sobre el agua y las políticas. La fuente también indica que, sin medidas, al menos un 30 % de los empleos agrícolas podría desaparecer para mediados de siglo. La cifra se refiere a puestos estimados en riesgo, no a un número observado de personas que ya hayan perdido su trabajo.

La vulnerabilidad agrícola también refleja el peso del sector en el empleo. Según el Banco Mundial, la agricultura ocupa al 14 % de los trabajadores del país y hasta a la mitad de los trabajadores rurales. El estrés hídrico podría influir en la producción agrícola y en actividades vinculadas como el procesamiento, el transporte y el comercio. El informe añade que los efectos podrían extenderse al turismo y la industria, que también dependen del agua. El resumen publicado no cuantifica pérdidas de producción ni cambios de empleo observados por sector.

Se espera que la primera fase del programa RESEau, respaldado por el Grupo Banco Mundial, genere unos 4.000 empleos permanentes y 13.400 temporales. Son efectos previstos del programa, no contrataciones ya completadas. La duración y el calendario de los puestos permanentes y temporales pueden ser distintos. El empleo que se proyecta para el programa no implica que el desempleo nacional vaya a reducirse en esa misma proporción.

El contexto laboral también importa: el desempleo bajó al 14,9 % en el segundo trimestre, mientras que el femenino alcanzó el 21,6 %, casi el doble del masculino. Estas cifras indican que el crecimiento y las oportunidades de trabajo no se distribuyen por igual. El informe relaciona la recuperación agrícola y turística registrada con los riesgos futuros del agua, pero no demuestra que una cifra publicada sea la causa directa de otra.

Seguir estas estimaciones exige distinguir los efectos modelizados de los resultados de ejecución. Los escenarios de agua, los precios y los supuestos de política condicionan las pérdidas proyectadas; el comunicado no reproduce las tablas completas del modelo. Datos periódicos sobre recursos disponibles por fuente, pérdidas de distribución, eficiencia, producción agrícola y empleos efectivamente creados ayudarían a medir el avance. La publicación establece la importancia económica del límite hídrico tunecino, pero no afirma que los efectos previstos del programa ya se hayan producido.