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Las publicaciones canadienses de principios de octubre ofrecen señales de coste al contratista que decide entre comprar o alquilar equipos. El índice de compra de maquinaria pasó de 127,2 en junio a 129,0 en julio, con base 2016=100. El subgrupo de alquiler de equipos de construcción, transporte, minería y silvicultura pasó de 117,7 en el primer trimestre a 118,6 en el segundo, con base 2020=100.
Las variaciones reproducibles son aproximadamente del 1,42% para compras, mediante (129,0/127,2−1)×100, y del 0,76% para ese subgrupo de alquiler, mediante (118,6/117,7−1)×100. Cubren un mes y un trimestre, respectivamente. Comparar su velocidad exige alinear períodos; comparar los niveles de los índices como precios en dólares sería incorrecto. Ninguna serie describe una excavadora idéntica ofrecida con las mismas condiciones contractuales.
La cesta de compras incluye maquinaria ajena a la construcción y el subgrupo de alquiler abarca otras industrias. Esa diferencia limita las conclusiones sectoriales. Los datos pueden señalar la necesidad de actualizar presupuestos, pero no demuestran inflación exclusiva de construcción ni un ahorro nacional por alquilar. La tabla conserva observaciones originales y separa períodos y bases sin crear un precio combinado sintético.
El cálculo de propiedad empieza por el coste de adquisición financiado, los ingresos previstos de reventa y la vida operativa relevante para el contrato. Añade mantenimiento, seguro, almacenamiento, transporte y exposición a averías cuando corresponden al comprador. El alquiler requiere un cálculo igualmente completo: cuotas, entrega, duración mínima, prórrogas, daños y mantenimiento que siga a cargo del contratista. La tarifa anunciada representa solo parte de cada calendario de caja.
La utilización es el vínculo técnico central. Una máquina propia soporta costes fijos aunque esté parada; las horas productivas los distribuyen sobre el trabajo real. Si el coste fijo anual es F y la diferencia entre alquiler horario y coste variable propio es R−V, el umbral simplificado es F/(R−V) horas productivas, siempre que R supere V. Es una relación analítica, no un umbral canadiense medido; las fuentes no aportan esos datos contractuales.
En trabajos intermitentes o calendarios inciertos, alquilar puede reducir la exposición a capacidad ociosa, aunque disponibilidad y cargos por prórroga siguen importando. Para trabajos repetidos con utilización estable, la propiedad puede resultar más atractiva si son creíbles los supuestos de mantenimiento y valor residual. También influye si una avería interrumpe una tarea crítica y si el equipo de sustitución llega dentro del programa de construcción.
El momento del efectivo puede cambiar la opción preferida aunque los costes totales esperados sean similares. Comprar consume financiación antes de generar certificaciones; alquilar distribuye pagos, pero puede continuar durante retrasos salvo que existan cláusulas de suspensión. La comparación debe relacionar fechas de pago con cobros del proyecto, no simplemente dividir el precio de compra por una tarifa diaria. Aquí no se supone interés, depreciación porcentual ni precio de reventa.
Ambos índices oficiales son nacionales, no están desestacionalizados y admiten revisiones. Sus observaciones apoyan una revisión disciplinada de cotizaciones y utilización, no una previsión de rentabilidad ni una recomendación financiera concreta. La siguiente decisión requiere pruebas del equipo, trabajo y contrato reales: horas productivas confirmadas, condiciones de alquiler exigibles y capacidad de mantenimiento comprobada.


